
Ya sea con la llegada del calor o bien al finalizar el verano, e incluso antes o después de las Navidades, o bien tras un evento concreto, son muchas las personas que sienten que se les “echa el tiempo encima” para recuperar su peso antes del siguiente maratón culinario.
Bikini, rayos de sol, exponerse a los demás, supone vivir en una contrarreloj permanente de un evento determinado para el que tengo que estar en nivel PREMIUM, tiene como consecuencia que se pierda la noción de lo que es saludable y lo que no. Se difumina incluso la “moralidad” de lo que es “Bueno y malo”, olvidándonos de lo que puede o no beneficiar al organismo en este proceso, de si el batido X tiene o no algún beneficio, nos olvidamos de las calidades nutricionales, de si lo que como mejora mi salud y a qué nivel, y tan sólo nos preocupamos en hacer sumas y restas de calorías, y por el peso.
Es casi el único momento en la vida “socialmente aceptado en el que el fin justifica los medios”. Y en ese camino, se diluye la importancia de que algo no sea saludable, o que no tenga ningún interés nutricional- Se difumina la relevancia de que no aporte ningún nutriente interesante, o incluso que empeore tu salud, ¡¡porque lo importante es que los kilos de la báscula bajen y cuanto antes mejor!!
Tampoco mejora mucho el asunto después del verano. ¡¡Porque tras una restricción más que considerable antes del verano merece un festín a todo tren durante el verano!! Porque… “me lo merezco”, “un día es un día” o “he tenido un día horrible” ¿te suena? Y así van pasando los días entre opulencia gastronómica obviando nuestras verdaderas necesidades. Termina el verano y es entonces cuando nos invaden los remordimientos de aquello que no hice o aquello que comí de más.
Como el ser humano no maneja precisamente de forma muy adaptiva la frustración es entonces cuando la desesperación se adueña de nuestra corteza prefrontal (y empieza actuar de forma impulsiva) y es entonces cuando decidimos hacer caso a cualquier método que leí y que prometa justo lo que deseamos “bajar de peso rápido, además necesitamos testimonios que así lo ratifiquen, “la vecina me dijo” Lo he oído” o que la vendedora de batidos de confianza me recomendó (obviando por completo el conflicto de interés que esa señora puede tener en la venta de su producto, y es que bajo el paraguas de la desesperación hay muchos miedos que torear. De esta forma emerge de nuestro interior el pseudonutricionista que todos llevamos dentro.
Con ese rol de pseudonutricionista presa de la angustia nos ponemos a navegar por los entresijos de internet, y encontramos la fórmula mágica (batidos, pastillas, fórmulas, suplementos y ayunos). Por otra parte, los hay que no son tan tecnológicos, y le dan validez al testimonio de “la vecina” o al chisme dietético del momento (como las algas de no sé qué, pasando por el agua tibia con limón para quemar grasas…) o un seudoprofesional que ha pasado boca a boca ya que ofrece “la panacea del año” para que consigas el objetivo de pérdida de peso en tiempo record.
Digo pseudoprofesional porque la mayoría de las personas que se anuncian por internet NO son Nutricionistas (aunque se anuncian como tal, y para ello puedes leer el artículo llamado “ Perfil público de los profesionales que se denominan Dietista Nutricionista sin tener la titulación habilitante https://renhyd.org/renhyd/article/view/1016/629) En España según orden CIN/730/2009 de 18 de marzo para poder ostentar la denominación de Nutricionista o dietista Nutricionista se debe de haber cursado la Diplomatura o el grado en Nutrición Humana y dietética , por lo que ni técnicos superiores, ni personas con máster, ni médicos (ni siquiera un endocrino) ni puede ni debe utilizar dicha denominación. En Canarias 3 de cada 4 personas que se anuncian como Nutricionistas NO poseen la titulación habilitante.
Es importante entender este matiz del intrusismo, ya que no es lo mismo ponerse en manos de un experto que de un aficionado, el aficionado ofrecerá milagros con el objetivo de enriquecerse, el experto buscará lograr tu objetivo mejorando o conservando tu salud a través de hábitos y sobre todo instaurando pautas nutricionales avaladas por la evidencia científica y no mitos, sin recurrir a milagros porque el milagro será mantener el peso perdido tras el cambio de hábitos y a lo largo del tiempo
Los estudios nos dicen que un 75% de las personas que hacen dieta exprés antes del verano, lo recuperarán durante el mismo, y es más esta recuperación suele venir acompañada con lo que se denomina el efecto “yo-yó” (es decir no sólo recupero el peso perdido, sino algún kilito más de regalo), pero eso es algo que la mayoría de las personas no se para a pesar porque como dijimos antes “el fin justifica los medios”.
¿y eso por qué?
Pues precisamente porque viven en “cultura de dieta”, es decir hacen dietas demasiado restrictivas en cuanto a calidad de nutrientes y en cuánto a calorías, por otro lado, no se persigue la educación alimentaria, por lo que cuándo alguien decide “ponerle fin a su dieta” y vuelve a integrar los hábitos que tanto le gustaban pero que durante “la dieta dejó apartados” recupera ya no sólo el peso perdido sino algún kilito más.
El periodo peri – estival es una época muy propicia para que proliferen este tipo de reclamos. De hecho la revista, las televisiones, empiezan a bombardearnos con dietas, métodos, batidos, pastillas (eso es antes del verano) Pero… ¿y durante el verano? ¿Cómo he de comportarme? más en momentos de ocio!! ¿Cómo lidiar con la presión social que no entiende tu objetivo de pérdida de peso? ¡¡¡
¡¡¡Cómo no te vas a comer esa pizza si estás de vacaciones!!! ¡¡Cómo no te vas a beber unas copas, si es mi cumpleaños!! ¿¿He de prescindir de ese helado o de esa comida tan rica?? Y es que asociamos la comida saludable a lo aburrido y a lo triste y aquellos alimentos que son muy los alimentos a la felicidad desmedida.
No se trata de permitirnos todo ni de prohibirnos todo, se trata precisamente de todo lo contrario, se tratar de salir de esa cultura de dieta, es decir aquella en la que en mi cabeza encasilla los alimentos en buenos y malos, o bien calificamos su calidad según los horarios por horarios, o por propiedades extrañas como la fermentación.
Olvidémonos de todo eso, y empecemos a construir una relación saludable con la comida. ES decir, aprender a controlar ese “hambre emocional” y comer o beber algo cuándo REALMENTE me apetece. El método que propongo hará que reconecten tus sensaciones de hambre y saciedad y a medida que pase el tiempo cada sentirás menos la necesidad de comer ese producto con el que hasta ahora no concebía la vida
¿Pero tan malo es hacer este tipo de dietas?
Lo que nos revela la evidencia científica es que la pérdida de peso que produce este tipo de dietas, no se sostiene en el tiempo, producen sarcopenia, lo que conlleva a la reganancia o a que se dé el temido efecto “yo-yó” es decir, no solo recupero el peso que había perdido, sino que algún kilito de más. Pero….
¿Por qué se produce esto?
Pues primeramente porque son dietas centradas en las calorías, NO en la calidad de los nutrientes que aporta, además esta reganancia tiene lugar porque por un lado el cuerpo tiende a almacenar energía en previsión a que “vuelva a pasar hambre” y porque después de un periodo en el que hemos demonizado alimentos y he conseguido bajar de peso me concedo esos alimentos prohibidos, hecho que genera que tengamos mala relación con la comida. Dicotomizan entre alimentos buenos y malos, con lo que al abandonarlas generan culpa, entrado en lo que se llama el ciclo del atracón.
Este tipo de dietas, además se asocian a la aparición de cálculos biliares, a la aparición de trastornos de la conducta alimentaria, a la aparición de sarcopenia (es decir pérdida de masa muscular sin apenas pérdida de grasa), además de tender a producir desequilibrios nutricionales. De hecho, como consejo te diré que, si recientemente has empezado una dieta y te han prescito un suplemento de vitaminas y minerales, HUYE.
En este sentido, lo más peligroso de estas dietas (y empleo la palabra dieta porque quiero dejar constancia de la connotación negativa que tienen en nuestra salud es la mala relación que se genera con la comida) es que generan miedo a consumir ciertos alimentos, además siembran mitos e ideas erráticas en la población. En este punto, muchas personas que se someten a estos “juegos del hambre” dirán Si, ¡¡pero yo… bajo de peso!! Es decir, decide apostar por un presente incierto, pero sin pararse a pensar como estas decisiones pueden no influir e sus hábitos futuros.
Muchos se preguntarán… ¿Por qué un nutricionista te habla mal de las dietas? Pues porque lo que te proponemos es huir de ellas, sobre te proponemos mejorar la calidad de lo que comes, te proponemos empoderarte y que no dependas siempre de un papel o de un profesional que te ayude a bajar de peso, te propongo mejorar tu salud para siempre¡! Cuidarte no debe ser una carrera de fondo para entrar en la talla 36.
Por lo que, a la pregunta inicial, de si es sano realizar este tipo de dietas exprés, la respuesta es NO, y sobre todo si te pasas la vida viviendo en una noria en torno al peso.
Estar a dieta es algo temporal, aprende a cuidarte es madurar en tu autocuidado, ¡¡construyendo un nuevo estilo de vida para siempre!!
Busca profesionalidad en los servicios que contratas

Muchos se preguntarán… ¿Por qué un nutricionista te habla mal de las dietas?
Pues porque lo que te proponemos es huir de ellas, sobre te proponemos mejorar la calidad de lo que comes, te proponemos empoderarte y que no dependas siempre de un papel o de un profesional que te ayude a bajar de peso, te propongo mejorar tu salud para siempre¡! Cuidarte no debe ser una carrera de fondo para entrar en la talla 36.
Por lo que, a la pregunta inicial, de si es sano realizar este tipo de dietas exprés, la respuesta es NO, y sobre todo si te pasas la vida viviendo en una noria en torno al peso.
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